Adolescencia, esa gran desconocida
La adolescencia es una ciencia que todos conocen pero pocos entienden
Hay un símil que asemeja la adolescencia con la marea: “Cuando la marea está baja, todo va bien y no ocurre nada, pero, ¡Ay! cuando comienza la marea alta, aquí comienzan los problemas… es cuando arrasa todo a su paso, pero si ponemos barreras no la dejamos crecer y chocamos una y otra vez con las olas, perdiéndonos la grandiosidad del mar”. Igual ocurre en esta etapa de la vida, ellos buscan una identidad propia, y no podemos cohibirlos sino escucharlos atentamente, encauzarles y sobre todo atenderles y no herir sus sentimientos.
Esto es algo que todos sabemos, pues la teoría siempre es algo sencillo, el problema aparece cuando tenemos que llevarlo a la práctica y nos damos cuenta de que no sabemos cómo actuar para llegar a esa situación tan armoniosa que nos presenta la teoría.
Para empezar debemos saber que para que los adolescentes se abran a los adultos tienen que encontrar, ante todo en ellos, una escucha empática, conseguirlo “vale más que mil palabras”, pero hay que saber escuchar sin juzgar, atendiendo a nuestro hijo de forma exclusiva sin hacer otra cosa, y una vez que el hijo ha terminado debemos repetirle lo que nos ha dicho, sin juicios, siendo asertivos ante sus manifestaciones, sabiendo respetar las opiniones sin minusvalorar las suyas, sabiendo mantener nuestro punto de vista sin chillar ni menospreciar al otro.
Los padres muchas veces no nos damos cuenta de la importancia que tiene escuchar y entender a los hijos, como además saber cuándo debemos o no actuar en los problemas de éstos. Por ejemplo algunas situaciones en las que nunca debemos actuar, pero sí escuchar, es cuando el problema no afecta a sus derechos, valores o responsabilidades como progenitor, en todos aquellos momentos que no atentan en la seguridad del hijo o de terceras personas, o si el conflicto se ha planteado entre el hijo y una tercera persona: amigo, profesor, vecino… Sólo se debe intervenir en peleas de hermanos, donde exista agresión física.
Otro de los problemas en los que muchas veces caemos los padres, sin darnos cuenta en la mayoría de las ocasiones, es en la sobreprotección excesiva de los hijos. Todas las acciones que realizamos damos por hecho que son deberes que como padres debemos hacer, como despertar a los jóvenes cuando ellos oyen perfectamente el despertador, indicar al adolescente la hora que es para que vaya a estudiar, darle dinero extra además de la paga semanal, no solicitar colaboración en las tareas del hogar… No son tareas inherentes a las de ser padres, debemos hacer que ellos realicen sus propias tareas para que aprendan a asumir responsabilidades.
Pero no todo es motivo de las acciones que llevamos a cabo los padres, la adolescencia es una época muy difícil para ambas partes, ellos intentan provocar con cualquier cosa, es la etapa en la que quieren probarlo todo o cuando se dan mayores conductas de riesgo. Por ello, nosotros como padres debemos descubrir lo que pretenden con sus acciones, hablar con ellos de todo inculcando el hecho de no tener prisa, enseñándoles a no tener vergüenza a decir que no, educándoles en la responsabilidad, informándoles correctamente, tanto de lo bueno como de lo malo, practicando en casa distintas habilidades como saber decir NO, y por último, fomentar su autoestima y su autoconcepto.
Después de todo, un buen día casi sin darnos cuenta, todo se pasa y las aguas vuelven a su cauce, es cuando ya se ha alcanzado ¡¡¡la plena libertad del ser!!!
A todo ello me dedico, tanto a ayudar a padres, como a adolescentes o niños; englobando tanto el ambiente familiar como escolar. ¡No dudéis en llamarme ante los problemas!
TERESA GALLARDO Teresa Gallardo es Coach y Psicóloga y Mujer DILES




